Golpe de Estado preventivo

Por Francisco Luciano

La decisión de la oligarquía brasileña de procesar, condenar y encarcelar a Lula, bajo cualquier infamia, ha herido gravemente a la democracia en el mundo de los hombres y mujeres libres.

La manera irresponsable, irrespetuosa y atropellante de como se ha manejado la acusación contra el más grande líder del progresismo latinoamericano, de seguro será objeto de estudio para los especialistas del derecho democrático.

Lula, el obrero que se atrevió a desarrollar un proyecto político de redención social (El Partido de los Trabajadores, PT) y que en el cuarto intento electoral alcanzó la presidencia del inmenso e inequitativo Brasil, cometió el pecado de demostrar, en los hechos, que la oligarquía pro imperialista ha sido y es una absoluta mentirosa, pues durante siglos ha predicado que la pobreza no podrá ser superada, asumiéndola como un castigo divino,, al sacar, en apenas ocho años de gobierno, a más 29 millones de brasileños de la pobreza.

Bajo su dirección elevó al Brasil a la categoría de país desarrollado con capacidad para liderar la integración de la región de Latino América y más allá, generando espacios y procesos de solución a problemas y a conflictos diversos, al margen de los Estados Unidos.

El delito de este hombre, que ha sido condenado sin que se haya aportado una sola prueba de los hechos que un condenado confeso condenado le endilga por encargo, ha sido el de haber logrado aplicar políticas publicas desde el gobierno para poner el pan en la mesa de los pobres de los pobres y excluidos. Lo imperdonable es que haya democratizado la educación y el crédito para que la gente pueda colocarse, prestigiarse y ascender a la categoría de seres humanos socialmente realizados.

Con el juicio a Lula, los tratadistas del derecho deberán revisar el principio universalmente aceptado de que “entre la palabra de un acusado y un acusador debe mediar la prueba”, porque en este caso ha prevalecido la palabra del acusador contra el acusado de manera absurda y tozuda.

El juicio a Lula, ha violado el principio de presunción de inocencia, pues a Lula se le asumió y se le presentó como culpable de manera artera, mucho antes de conocerse en un juicio de fondo las falaces acusaciones de que ha sido víctima.

El principio de la jurisdicción, así como el de la imparcialidad de la justicia quedan bastante cuestionados por la manera atropellante en que han actuado jueces políticos, taimados y prejuiciados, al servicio de intereses económicos contrarios al bien común, distantes de la ética y a la razón.

La democracia queda herida de gravedad y solo queda apostar al pueblo soberano para que imponga su veredicto frente a una conspiración ignominiosa contra los derechos fundamentales de un hombre cuya vida, es ejemplo de austeridad y honradez, pretende ser cercenada por la componenda de quienes nunca han creído en la solidaridad, ni el respeto y menos en el amor al prójimo.

Las venas de la democracia en América Latina se desangran ante el intento por matar al más fiel ejemplo de entrega por la redención de los pobres y al mejor ejemplo de que se puede, por medio de la acción política, lograr bienestar de los unos sin perjudicar sin empobrecer a los otros.

Demostrado queda, que la derecha no tiene escrúpulos cuando de imponer sus intereses se trata. Con Lula se busca consumar la descalificación del adversario electoral por medio de sentencias judiciales, impuestas de manera aviesas y con métodos perversos a los que prestan jueces de juicios sesgados.

Los golpes de Estado que antes destituían presidentes electos democráticamente para imponer a títeres los serviles y que eran auspiciados por las oligarquías nacionales bajo la tutela de los Estados Unidos y que ejecutaban los militares, en el caso de Lula, tratan de inaugurar una nueva escuela para imponer quienes pueden ser o no candidatos a la presidencia de un país, evitando que el pueblo los elija con el voto.

Esta nueva modalidad para impedir que se instalen gobiernos progresistas, bien podría denominarse como la Escuela del Golpe de Estado Preventivo.

De ahí, que Lula, ante la precipitación de un juez político y obsesivo, ha decidió no acatar la sentencia de carácter política que le “condena” a la cárcel y por el contrario apelar a la fuerza de la razón que el pueblo brasileño le confiere con su respaldo militante, no por temor a la cárcel, porque en eso probó no temerle desde hace cuarenta años, cuando estuvo preso bajo medio de la dictadura militar, cuyas garras se asomaron en las últimas horas del juicio, anticipando con un golpe de Estado tradicional, sino se le imponía el Golpe Preventivo a Lula.

Los hombres y mujeres dignos del mundo sabrán manifestar el más solidario de los apoyos a uno de los hombres más solidarios del mundo, y es que no hay de otra pues de aceptarse lo que se pretende hacer con Lula, ningún hombre o mujer digno podrá en el futuro aspirar a la presidencia de su país, sin que se active este perverso mecanismo, de acusar, juzgar y condenar sin pruebas para descalificar a potenciales adversarios.

No tenemos la menor duda de que la historia absolverá a Lula de los hechos que falsamente le han sido imputados por decisión de quienes hacen uso abusivo del poder para tratar de aplastar a la verdad y a la razón.

¡Viva Lula con su ejemplo de firmeza y templanza!

 

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