El lugar de las mujeres

Por Millizen Uribe

Recientemente los medios sociales fueron escenario principal de una controversia en relación al lugar y rol de las mujeres.

Al discutir este tema, algunos asumen una postura biologicista. Sostienen que las diferencias sociales, políticas y económicas entre mujeres y hombres son “naturales” y se originan en razones orgánicas.

¡Nada más falso! Es cierto que el cuerpo masculino y femenino son diferentes, pero la discriminación obedece a una concepción machista, con poder y un sistema de valor donde lo masculino es superior y hace una división sexual del trabajo que asigna a hombres los espacios públicos (la calle, la empresa, la política…) y a mujeres los privados, como el hogar).

Otros lo justifican en la historia, alegando que siempre ha sido así y que, por ende, es lo normal. Estos ignoran que en el pasado hubo violaciones masivas de derecho (por nacionalidad o clase social) que, afortunadamente, se superaron en el presente, de donde podemos deducir que no siempre el pasado es el referente de lo correcto.
Tampoco faltan quienes vayan a la Biblia y tomen citas como Efesios 5:22, pero, y es algo que he aprendido con algunos amigos biblistas, este libro también debe de estudiarse tomando en cuenta el contexto y visiones un poco más progresistas de las mujeres que aparecen en otros versículos.

Ahora bien, en algo hemos de estar contestes: La incorporación de las mujeres al mundo económico y político no ha sido ningún error, sino más bien la reivindicación a derechos humanos fundamentales que se le negaron por simplemente ser mujeres y aquí no están las respuestas a la descomposición social.

Si nos quejamos de que los hijos/as se están criando solos, dejemos la melancolía y entendamos que la crianza no es solo responsabilidad de las mujeres, sino también de los hombres y que en ella, además de lo micro, impacta la macroestructura social (tipo de sociedad, de economía, de gobierno…)

Precisamente, una parte del empresariado tiene responsabilidad por sus rutinas laborales exhaustivas, que dejan poco tiempo para la familia (ver demandas del sector patronal para nueva modificación del Código Laboral), y salarios miserables que obligan a padres y madres a emplearse ambos y ni así llegan a fin de mes.

También el Estado tiene responsabilidad por su rol en la conformación de ciudadanos/as. Y ambos en la promoción e instauración de antivalores como corrupción, impunidad y rentabilidad a cuesta de todos y todo.

Entonces, sin ignorar a mujeres y hombres que optan por “el paquete completo y lo hacen bien”, entendamos que quedarse en el hogar a cuidar los hijos/as debe ser una elección, nunca una imposición social porque, después de todo, el lugar de las mujeres no es otro que aquel donde ellas quieran estar.

 

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