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Nicaragua: estado fallido

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Por Jean E. R. Gatón

Regreso de 1987. Salman Rushdie me prestaba sus ojos para contemplar sin prejuicios el clima de la Nicaragua posrevolucionaria. Los héroes intelectuales del Frente Sandinista de Liberación Nacional hacían lo posible por sostener el país ante la ofensiva de la “Contra”, compuesta en su mayoría por exmilitantes del régimen somocista, financiados por la administración Reagan.

Aún a pesar del déficit financiero, herencia de la dinastía Somoza, los dirigentes del FSLN, encabezados por el presidente electo Daniel Ortega, daban pasos firmes hacia la materialización de la idílica Nueva Nicaragua. Pasos como las reformas agrarias, o la alfabetización que cubrió al país. La gente respiraba cultura, y se entregaba sin miramientos a la causa revolucionaria.

Rushdie recoge en “La sonrisa del jaguar” una anécdota sobre su impresión en torno a la decisión del gobierno sandinista de “suspender” la circulación del periódico La Prensa, acto que considera una agresión hacia la libertad de expresión. Entonces se decide a cuestionar al vicepresidente Sergio Ramírez y al ministro de Interior Tomás Borge al respecto, quienes alegan que son “tiempos de guerra”. Y luego al presidente Ortega, quien agrega “pueden hacer lo que quieran, pero ellos (La Prensa) no pueden profesar apoyo a Reagan y la Contra. Esa es la línea. Ellos la cruzaron. ¿Qué podíamos hacer?, ¿enviarlos a juicio? Eso hubiese traído mucha atención negativa. Así que lo único que podíamos hacer era cerrar el periódico”, concluye.

Y es cierto, La Prensa recibía financiamiento de la CIA con el fin de ser un vehículo desestabilizador en Nicaragua (léase “La guerra sucia de la CIA en Nicaragua”). Sin embargo Rushdie, consciente de esto, queda con el sabor agridulce de preguntarse si la decisión será para bien o para mal.

Resulta sorprendente cómo esa célula mínima de censura evolucionó en el cáncer de represión y miedo que han representado los futuros periodos presidenciales de Daniel Ortega al mando de Nicaragua, donde hoy día la juventud se subleva en búsqueda de su identidad.

Y sorprende aún más cómo un héroe revolucionario es el protagonista de estos tiempos donde suman 326 los muertos en manifestaciones. Una célula de corrupción y su metástasis.

“Se muere un héroe, o se vive lo suficiente para verse convertido en el villano”. A la vez que les pido solidaridad hacia el país hermano, los invito a acoplar este pensamiento hacia los políticos dominicanos con sed de reelección.

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