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Ni buenos ni malos

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Dice un viejo adagio que nadie es totalmente bueno ni totalmente malo y que nada es lo que aparenta, al menos en su totalidad. Así como afirmó Maquiavelo en su libro El Príncipe, que para un gobernante era mejor aparentar que ser ya que sus defectos y debilidades solo los conocerían los más cercanos que son los menos.

La historia está llena de ejemplos de grandes hombres que han sellado su inmortalidad en la memoria de los siglos, pero esos personajes también fueron humanos de carne y hueso con debilidades, pasiones, virtudes y defectos cuyos roles y circunstancias los convirtieron para algunos en paradigmas. Sin embargo muchos de ellos contra decían en algunos aspectos de sus vidas lo que predicaban.

Por ejemplo Gandhi en su autobiografía reconoció que maltrataba y llegó a golpear a su esposa cuando estaba en Sur África a pesar de que fue el líder de la lucha pacífica que liberó a la India del colonialismo Británico. Otro personaje defensor de la libertad y la revolución norteamericana Patrick Henry, autor de la frase “Dame la libertad o dame la muerte”, este encerró en el sótano de su casa a su esposa quien sufría de depresión post parto haciéndole caso omiso.

También el caso de Thomas Edison famoso inventor norteamericano quien capitalizó y patentizó muchas de las ideas geniales de Nikola Tesla quien en un momento trabajo para él y fue el responsable de la corriente alterna.

Somos mitad animal  y mitad humano

En fin el dilema filosófico de si el ser humano nace bueno y se hace malo después o ya nace con algo de maldad tiene varios enfoques y posturas. Por ejemplo para el filósofo ingles Thomas Hobbes considerado uno de los fundadores de la filosofía política en el siglo XVII, el ser humano es malo por naturaleza, ya que el hombre es un lobo para el hombre donde impera guerra de todos contra todos porque es agresivo, egoísta y para poder convivir se necesita del poder absoluto.

Para el suizo-francés Jean-Jacques Rousseau del siglo XVIII, precursor del movimiento prerromántico decía que el ser humano es bueno y empático, que se conmueve y suele auxiliar si ve a otro sufriendo y lo que despierta su agresividad es el “esto es mío”, defender su propiedad ante la competencia, la envidia y la agresividad.

Podemos intuir que la naturaleza humana y sus circunstancias albergan el potencial o la capacidad de hacernos buenos o malos motivados por nuestros instintos, persuadidos por la razón y regulados por la ley y la moral. Somos mitad animal y mitad hombre, instintos y razón.

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